Crear valor compartido en la cadena de valor

09 de julio de 2021

Una de las vías que Porter y Kramer proponen para que las empresas puedan crear beneficio social a través del ejercicio de su propia actividad consiste en considerar las oportunidades que se pueden presentar al redefinir la productividad en la cadena de valor.

Desde la perspectiva de Porter, la cadena de valor empresarial describe la sucesión de actividades de una organización que aportan valor al producto final. Posteriormente, este concepto se ha extendido a la cadena de suministro y a las redes de distribución, formando una cadena de valor ampliada, cuyo estudio representa un valioso instrumento para el análisis estratégico cuya finalidad es reducir los costes y maximizar el beneficio. Sin embargo, la práctica ha demostrado que maximizar el ahorro tiene sus límites y puede producir importantes ineficiencias que menoscaban la rentabilidad. Para subsanar este problema, Proter y Kramer proponen que se aplique el concepto de valor compartido en la gestión de la cadena de valor. ¿Cómo? Analizando en detalle los procesos de la empresa desde una perspectiva de valor social, podemos descubrir qué problemas sociales están afectando negativamente a la productividad y cuya solución podrían aportar mayor valor para la empresa y la sociedad simultáneamente.

Muchas empresas están incorporando ya este criterio en sus decisiones respecto al uso de la energía, la gestión de los recursos naturales y las políticas laborales entre otras cuestiones. Todo ello ha llevado a la adopción de enfoques diferenciados que, en muchos casos, han sido impulsados gracias a los avances tecnológicos que se han incorporado en los últimos años al tejido empresarial. Veamos algunos ejemplos.

Para reducir los costes y mitigar el impacto en el medio ambiente, las empresas están buscando la forma de hacer un uso de la energía más eficiente. Este fue el propósito de Pikolín al construir la nueva fábrica en Zaragoza donde se ha implementado una solución de gestión de energía de última generación que ha permitido reducir el consumo de energía por metro cuadrado para toda la empresa en un 14% y otro 40% menos de gas natural por metro cúbico en la zona de producción, mientras que la capacidad de fabricación ha aumentado en un 30%.

Además del coste de la energía y de las emisiones de CO2, la logística agrega tiempos y complejidad a la empresa. Por esta razón, la revisión de los sistemas logísticos para reducir las distancias de envío, facilitar la manipulación y minimizar los costes de inventario y gestión, puede desvelar escenarios más rentables. Ikea por ejemplo, contribuye a la reducción de su huella de carbono a la vez que ahorra combustible gracias a la eficiencia del embalaje y el uso compartido del mismo espacio para tienda y almacén. De esta manera, consigue aumentar el número de productos transportados por pallet y suprime un desplazamiento de los materiales en la cadena de suministro.

Frente a la elevada presión sobre los recursos naturales del planeta que ejerce el sistema productivo actual, han aparecido nuevos caminos para promover la circularidad y un mejor uso de los recursos como el agua, las materias primas y envases. Así, Endesa da una segunda vida a las baterías utilizadas de vehículos eléctricos para asegurar el suministro de energía en Melilla, una alternativa más económica y sostenible. Coca Cola por su lado, consciente de que el agua es un elemento esencial para sus productos y las comunidades en las que opera, ha reducido su consumo en un 15,7% desde el 2010.

También los procesos de compra están cambiando. Hemos comprendido que el abuso del poder en la negociación conduce a los proveedores a límites en los que no son rentables o no pueden mantener los estándares de calidad necesarios. Por esta razón, en los últimos años algunas empresas han empezado a establecer asociaciones estratégicas de colaboración a largo plazo con sus proveedores. La compañía láctea CAPSA Food, es reconocida por su compromiso con sus ganaderos, que son proveedores y socios en la cooperativa, para garantizar el futuro de sus explotaciones. Se comprometen a recoger toda la producción de leche y pagan por ello un precio superior a la media del mercado, además les ofrece un seguro colectivo, un servicio de sustitución para conciliar su actividad con su vida personal y asesoramiento especializado para la optimizar la gestión empresarial.

También es conveniente examinar la política laboral de la empresa para eliminar las prácticas que pueden menoscabar productividad del empleado. Las políticas basadas en sueldos bajos, reducción de beneficios y deslocalización, están cediendo ante los efectos positivos de un salario digno, la seguridad y las oportunidades de crecimiento profesional. Para Mahou San Miguel, la protección del empleo es un compromiso irrenunciable que se concreta en desarrollar a sus trabajadores, promover el bienestar y mantener un empleo de calidad. Mahou San Miguel ha respetado todos los puestos de trabajo durante la pandemia, impulsando la formación y poniendo en marcha programas de salud en los que ha participado el 100% de la plantilla. No es casual que la cervecera este entre las mejores empresas para trabajar de nuestro país según el ranking Merco Talento.

Las decisiones sobre la localización igualmente están siendo revisadas. La globalización facilitó que las empresas trasladaran sus fábricas a países con mano de obra más barata. Con el tiempo, el ahorro inicial se ha ido diluyendo y gestionar cadenas de suministro a miles de kilómetros conlleva una gran dificultad. Por esta razón, algunas empresas han desandado el camino para volver a producir en sus países de origen, como ya ha hecho la fábrica de bicicletas Orbea en España. Este regreso a las raíces tiene también su derivada en la compra local. Aún en el caso de que los costes laborales sean mayores, los suministradores locales pueden incrementar la productividad impulsando la innovación y mejorando la calidad, además de aportar más flexibilidad y reducir los costes y tiempos asociados al transporte.  Pero no es solo una cuestión financiera, también disminuye la huella de carbono y se favorece el desarrollo económico y social de la región. Quizás por esta razón, la producción local es más apreciada cada día por los clientes y muchas empresas están tomando nota de ello. Como El Corte Inglés, que realiza el 87% de sus compras a proveedores nacionales. Estas tendencias, junto con la futura propuesta normativa que está preparando la Comisión Europea para obligar a las empresas a velar por el cumplimiento de los derechos humanos y medioambientales en toda la cadena de suministro, sin duda ayudaran a reforzar la industria española y aumentar su debilitada contribución al PIB.

En definitiva, usar y gestionar eficientemente los recursos reduce los costes operativos de una organización e incrementa su rentabilidad a la vez que favorece el progreso social y reduce el daño en el medioambiente. Los casos comentados son solo un ejemplo de las excelentes medidas que las empresas están llevando a cabo para compartir valor. Aisladamente cada una de ellas aporta beneficios a la sociedad, pero igual que “una golondrina no hace verano”, es importante que las iniciativas adoptadas formen parte de una estrategia global y coherente para que el propósito social adquiera verdaderamente la capacidad de transformar las organizaciones. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero el esfuerzo merecerá la recompensa de la confianza y el respaldo de la sociedad.

 

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