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Adquirir compromisos y cumplirlos para construir reputación

18 de febrero de 2015

Hoy en día el éxito de las organizaciones reside en la gestión excelente de sus activos y recursos intangibles. En las últimas décadas, el valor de las empresas ha dado un giro 360º. En los años 70, el valor de los intangibles era atribuible a un 20% del valor total empresarial, frente a un 80% del valor tangible. Hoy, el porcentaje se ha invertido, de tal manera que llegar a ser una buena compañía supone gestionar sus recursos y activos intangibles y, por tanto, su reputación. Como nos explica Villafañe en su libro La buena empresa: propuesta para una teoría de la Reputación Corporativa la entrega del valor de una compañía viene dada por el propósito de la misma a través de su misión y visión empresarial en relación con sus stakeholders y así llegar a un beneficio mutuo y compartido construyendo una relación entre la promesa de la marca y el compromiso.

La desconexión entre los hechos y las palabras de las organizaciones ha hecho que la desconfianza de los stakeholders aumentara, y en consecuencia, su mala reputación. Por eso, como dice Villafañe, una empresa mejorará su reputación cuando lo que dice y promete esté alineado con lo que hace.

Las compañías que no tienen un déficit reputacional es porque cumplen con tres requisitos esenciales en su gestión empresarial; la identidad, la promesa fruto de esa identidad y la capacidad de auto-penalizarse cuando no se cumple con esos compromisos frutos de la promesa empresarial. Esta penalización es algo que no se tiene muy en cuenta, pero es un elemento clave para lograr la consciencia y la coherencia de los compromisos con los stakeholders.

El rol empresarial ha cambiado. Hoy hay una nueva racionalidad en la que no se puede hablar de valor económico como protagonista. Nos encontramos con un cambio de papeles donde los valores como la responsabilidad, compromiso, transparencia y sostenibilidad adquieren el protagonismo en la gestión empresarial. De tal manera que aparece una nueva concepción empresarial, en la que la organización se convierte en un ser social. Las compañías ya no solo buscan un beneficio para sí mismas, sino que el interés es común tanto para la compañía y como para sus grupos de interés.

Apostar por la reputación como paradigma del nuevo entorno empresarial del siglo XXI es la mejor opción para poner en práctica la ética empresarial a través de un cambio en la concepción de dicho entorno y así lograr la gestión excelente de los intangibles, y por tanto, la excelencia empresarial.

Corporate Excellence y todas las organizaciones que forman nuestra fundación estamos plenamente convencidas del valor que la gestión excelente de la reputación aporta a la organización, al cumplimiento de sus compromisos con todos sus grupos de interés, y por ende a la construcción de las relaciones a largo plazo con sus stakeholders.

Para más información sobre la gestión de los intangibles y su aportación al valor empresarial, puedes acceder a la sección de nuestra web Compartimos Conocimiento. Recuerda además que puedes seguirnos a través de nuestra Web, en nuestro perfil de Facebook, Twitter o Linkedin.