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16 enero, 2026
¿Cómo fortalecer la función de asuntos corporativos?
La geopolítica se ha convertido en un factor determinante para las empresas, que operan en un entorno cada vez más incierto, fragmentado y condicionado por las decisiones estratégicas de los gobiernos. Su uso creciente de herramientas económicas -como sanciones, controles a las exportaciones o políticas industriales- obliga a las organizaciones a reconsiderar cómo se posicionan y cuál su rol a nivel económico, político y social.
En este escenario, el informe Upgrading corporate affairs for a new geopolitical era, elaborado por McKinsey, y que hemos analizado en este insight, estudia cómo las funciones de asuntos corporativos deben adaptarse a estas nuevas dinámicas. La investigación identifica qué estrategias institucionales, regulatorias y reputacionales están llevando a cabo las compañías líderes para desenvolverse en un contexto cada vez más exigente.
Geopolítica: del trasfondo al centro de la agenda corporativa
Tal y como señala el informe, la geopolítica ha dejado de ser un riesgo periférico para convertirse en una prioridad estratégica. Sin embargo, persiste una distancia entre esta percepción y las acciones concretas que llevan a cabo las empresas: son una minoría de ellas las que incorporan la política comercial (28%) y la inestabilidad geopolítica (15%) entre sus principales prioridades de gestión.
Tres fuerzas presionan el rol de los asuntos corporativos
En este contexto, el estudio identifica tres fuerzas estructurales que están elevando la presión sobre las organizaciones, y que las obligan a reforzar sus capacidades de anticipación y gestión del riesgo:
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Expansión de las herramientas geoeconómicas. El uso creciente de sanciones, aranceles y controles a las exportaciones e importaciones incrementa la complejidad operativa. Los mecanismos de screening de inversiones, las restricciones a materias primas y las sanciones internacionales han aumentado de forma significativa, exigiendo sistemas más sofisticados de gestión y cumplimiento.
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Aceleración y proliferación normativa. El volumen y la velocidad de los cambios regulatorios superan la capacidad de seguimiento de muchos equipos. El aumento de los costes de cumplimiento y la tendencia a anunciar cambios a través de canales informales -como redes sociales- dificultan la planificación y preparación corporativa.
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Expectativas de “patriotismo corporativo”. Los gobiernos esperan que las empresas contribuyan de forma explícita a sus intereses nacionales, desde la inversión doméstica hasta la generación de empleo. Esto obliga a las multinacionales a equilibrar su identidad global con las prioridades de sus países de origen.
Cinco líneas de acción para fortalecer la función
A partir de este diagnóstico, el informe propone un conjunto de prioridades que pueden orientar la evolución de la función de asuntos corporativos para responder a la nueva complejidad geopolítica:
1. Mapear el mundo: identificar riesgos y escenarios
El primer paso consiste en construir un sistema de cartografía geopolítica que permita identificar riesgos y distinguir entre eventos transitorios y transformaciones estructurales de largo plazo. Aunque esta práctica es todavía minoritaria -un 9% de las organizaciones la lleva a cabo de manera rigurosa- resulta esencial para priorizar esfuerzos y orientar la toma de decisiones.
El enfoque propuesto en el informe combina la construcción de escenarios geopolíticos -diferentes configuraciones del comercio global- con una metodología que estima el valor en juego en cada uno de ellos, y que, además, permite evaluar la exposición y priorizar los problemas. Este ejercicio consiste en aplicar una taxonomía propia a los temas externos, filtrar los más relevantes e identificar su posible impacto financiero, priorizar unos sobre otros y realizar un seguimiento continuo de su impacto.
2. Perfeccionar la narrativa y fortalecer el engagement
Una vez identificado el mapa de exposición, es necesario adaptar la narrativa sobre los temas prioritarios. Se debe hacer de forma estratégica, con el fin de reforzar el alcance y el impacto. Esto implica:
- Simplificar y adaptar los mensajes a cada público objetivo.
- Tener en cuenta las sensibilidades culturales y políticas de cada región a la hora de perfeccionar el tono.
- Aportar insights e información de utilidad.
- Ajustar el “volumen” del mensaje en función del contexto.
- Implicar al CEO como “diplomático comercial” para reforzar la interlocución con altos funcionarios y elevar la influencia corporativa.
3. Optimizar la interlocución con stakeholders
El contacto con los grupos de interés públicos debe ser proactivo y multinivel. La construcción de relaciones no depende solo de los cargos más altos, sino también de identificar actores clave en posiciones intermedias, seleccionar los canales más relevantes -incluidos los digitales-, y equilibrar la visibilidad institucional. Muchas compañías complementan este enfoque con redes y asociaciones sectoriales que permiten compartir aprendizajes y amplificar el impacto.
4. Adaptar la estructura organizativa
La creciente complejidad geopolítica está acelerando la evolución de la función de asuntos corporativos hacia modelos más integrados y con mayor influencia dentro de la empresa. Las organizaciones líderes están coordinando ámbitos como relaciones gubernamentales y gestión reputacional desde estructuras centralizadas que permiten una respuesta más ágil y coherente. Este rediseño se apoya en tres elementos:
- Incrustar la función de Corporate Affairs en las unidades operativas.
- Establecer métricas cuantificables vinculadas a los KPIs corporativos.
- Coordinar los esfuerzos de las diferentes áreas frente a temas prioritarios.
Con ello, los asuntos corporativos se consolidan como un área estratégica integrada en el núcleo del negocio.
5. Invertir en nuevas capacidades
Por último, el fortalecimiento de la función requiere de una actualización profunda de las competencias internas. La combinación de competencias analíticas, sensibilidad institucional y dominio tecnológico se vuelve indispensable. Para ello, el informe plantea la necesidad de una mayor especialización geopolítica, creando unidades específicas o perfiles como el Chief Geopolitics Officer. Y, a su vez, recomienda un uso intensivo de la inteligencia artificial para tareas como la automatización o el análisis de percepciones públicas, siempre apoyado en criterio humano y conocimiento del contexto.

Una función en transformación
El análisis de McKinsey evidencia que la función de asuntos corporativos está atravesando una transformación estructural impulsada por la propia evolución del entorno geopolítico. En conjunto, la investigación confirma que los asuntos corporativos se están consolidando como un motor esencial para interpretar el contexto, orientar la toma de decisiones y fortalecer la resiliencia corporativa en un escenario cada vez más incierto y competitivo.
> Puedes profundizar más en nuestro análisis aquí.