Contribuir al desarrollo industrial local para crear valor compartido

08 de septiembre de 2021

En post anteriores he comentado cómo las empresas pueden hacer tangible su propósito social a la hora de diseñar su oferta comercial y gestionar la cadena de valor utilizando el enfoque de valor compartido desarrollado por Porter y Kramer hace una década. Hoy dedicaré estas líneas a la tercera y última vía que estos autores proponen a las empresas para crear valor social y que consiste en fomentar la creación de clústeres locales; esto es, favorecer el desarrollo industrial e institucional al objeto de estimular la productividad y la competitividad en las áreas de influencia.

Según Porter, los clúster son “concentraciones geográficas de empresas interconectadas, proveedores especializados, proveedores de servicios, empresas industriales industrias relacionadas, instituciones de capacitación y organizaciones de apoyo vinculadas a tecnologías o productos finales dentro de un área o región local” que se encuentran en permanente competencia y colaboración desarrollando positivamente la competitividad del conjunto. Para Porter, la productividad y la capacidad de innovación están fuertemente influenciadas por el funcionamiento del clúster.

El éxito de la empresa se verá afectado por el desempeño de otras empresas que la rodean, las infraestructuras disponibles y las condiciones en las que se desenvuelven las comunidades donde desarrollan sus actividades. Contar con proveedores locales competentes favorece la innovación y reduce los costes de transferencia, tener buenas universidades permite contar con empleados mejor capacitados y disponer de una red vial adecuada reduce los tiempos y los costes de transporte. A su vez, el éxito empresarial produce un efecto multiplicador entre los diferentes elementos de la cadena generando mayor riqueza en el territorio, pues estimula la creación de nuevas empresas, el crecimiento de la oferta de trabajo y el impulso de la demanda de bienes y servicios.

Por el contrario las deficiencias en el contexto de actuación generan importantes ineficiencias a la empresa. Identificar los problemas sociales que causan estas limitaciones e invertir en su solución representa sin duda una oportunidad para generar valor compartido. La clave es centrarse en aquellas dificultades que suponen un mayor freno para el crecimiento y dónde la empresa está mejor preparada para abordarlo de forma que el beneficio supere al coste.

Este fue el enfoque de Nespresso al desarrollar clústeres en las regiones cafeteras para asegurar el suministro de granos de café de alta calidad, creando las capacidades agrícolas, técnicas, financieras y logísticas en cada región productora. El Programa AAA Sustainable Quality™, lanzado en 2003, reúne el compromiso de Nespresso con el café de calidad, los conocimientos técnicos de Nestlé en agricultura sostenible y la experiencia de la ONG Rainforest Alliance en normativa de sostenibilidad. A través de este programa, Nestlé ha facilitado el acceso a productos agrícolas esenciales como plantas, fertilizantes y equipos de riego; ha promovido cooperativas de agricultores regionales ayudándoles a financiar instalaciones compartidas; y ha proporcionado formación y asistencia técnica para asesorar a los agricultores sobre técnicas de cultivo y prácticas más eficientes y sostenibles. En 2015 el programa contaba con más de 63.000 agricultores en 11 países, los cuales venden su producción con primas entre un 30-40% por encima del pecio de mercado y entre un 10-15% por encima del precio de los cafés de calidad similar, mejorando así el nivel de vida de las comunidades.

La simbiosis industrial es un ejemplo de clúster en el que las empresas y la sociedad se benefician simultáneamente aplicando los principios de la Economía Circular, modelo económico de referencia para alcanzar la neutralidad en carbono ambicionada en el European Green Deal. En su forma más amplia, la simbiosis industrial se da cuando empresas colaboran entre sí, o con otros tipos de organizaciones, incluidas las entidades públicas y la sociedad civil, para que una entidad aproveche los recursos infrautilizados, desperdiciados o desechados de la otra. El parque eco-industrial de Kalundborg en Dinamarca, es un caso ejemplar. El parque engloba a un amplio grupo de empresas de sectores diversos, desde grandes multinacionales a pymes locales, incluido el propio municipio de Kalundborg. Desde sus inicios hace más de 50 años, esta simbiosis ha permitido reducir el consumo de materias primas y energía y las emisiones de CO2, generando también importantes beneficios empresariales derivados del ahorro de costes, la innovación y una mejor imagen de la industria allí concentrada. 

 

Para subsanar la deficiente integración de las tecnologías digitales en el ecosistema empresarial de España, la firma tecnológica Google en colaboración con la administración pública española ha puesto en marcha Impulso Digital. Se trata de una iniciativa para ayudar a la recuperación económica tras la pandemia con el objetivo de fomentar el avance digital de las empresas, con especial foco en el turismo, y desarrollar las competencias de los trabajadores. Google ha puesto a disposición de los profesionales y las empresas herramientas gratuitas, guías, consejos y cursos para ayudarles a explotar las ventajas que ofrecen las nuevas soluciones digitales con el objetivo de llegar mejor a sus clientes, ser más resilientes y seguir creciendo. Estas medidas permiten a Google mejorar la experiencia de sus usuarios a la vez que estrecha la relación con grupos de interés clave y refuerza su reputación.

El modelo de valor compartido sostiene que las empresas pueden mejorar su rentabilidad a la vez que actúan como motor de cambio social, asumiendo una mayor participación en la resolución de los problemas de su entorno. En ocasiones, estos problemas pueden superar las capacidades de la empresa y entonces deberá producirse necesariamente una mayor y más estrecha colaboración con otras organizaciones del sector público y privado. En estos ejemplos, hemos comprobado que las empresas cuando trabajan conjuntamente con otras entidades, pueden catalizar mejor sus esfuerzos para contribuir al progreso económico y social en su región. De esta manera, el impacto del propósito social se amplifica y la legitimidad social de las empresas se fortalece.

 

 

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