Cuando el largo plazo es la mejor solución

21 de febre de 2017

El tema de si la presión por obtener resultados a corto plazo afecta al rendimiento a largo plazo de las compañías se ha debatido mucho en el ámbito corporativo.

De hecho, ya en los ochenta, el entonces senador Paul Tsongas se presentó en The Wall Street Journal para informar de que iba a presentarse a las elecciones presidenciales. Uno de sus pilares fundamentales sería eliminar los beneficios trimestrales. El debate ha ido calentándose más y más en la última década y existen numerosas encuestas a directores ejecutivos que sugieren que la presión por obtener resultados a corto plazo es cada vez mayor. No obstante, el equipo de McKinsey, liderado por Dominic Barton, ha arrojado recientemente algo de luz a un debate que hasta ahora se había llevado a cabo sin demasiados datos. Lo han hecho con el lanzamiento del Corporate Horizon Index, un índice basado en la información de 615 compañías estadounidenses que cotizan en bolsa que busca medir el cortoplacismo de las empresas según lo que invierten, según si usan estrategias financieras para promover los beneficios trimestrales, si recompra acciones para aumentar el beneficio por acción, etc.

El resultado es que en los últimos diez años, las empresas con una estrategia de largo plazo han presentado mejor rendimiento en varios aspectos: réditos, beneficios, ganancias y capitalización bursátil. La conclusión que se extrae del informe es que si el resto de empresas se hubieran dado cuenta igual de rápido de los beneficios de tener una estrategia a largo plazo, «los mercados bursátiles de EE. UU. podrían incrementar el valor de sus activos en más de 1 billón de dólares de 2001 a 2014». Es más, las compañías con una perspectiva a largo plazo han creado de media unos 11.000 puestos de trabajo.

El problema de los datos es que muestran la correlación, pero no la relación causal. Puede que el cortoplacismo sea la causa de que las empresas menos; aunque puede ser al revés también, que el bajo rendimiento presione a las empresas para obtener resultados a corto plazo. Invertir en el largo plazo es fácil para empresas como Google, con un historial de beneficios bastante impresionante, pero no lo es tanto para otras empresas más pequeñas.

Con todo, Barton nos enseña una importante lección, y es que aunque es imposible desvincular completamente la causa del efecto, tal y como muestra el índice que ha creado McKinsey, centrarse en crear valor a largo plazo es la mejor estrategia para rendir más y mejor y llegar a ser sostenibles.

Os recomendamos que echéis un ojo al informe, porque recoge muchas ideas interesantes. Si queréis, podéis leerlo en inglés aquí.