El directivo del futuro, un directivo reputado

11 de diciembre de 2018

Sufrir una crisis reputacional o cualquier impacto negativo en la marca se está convirtiendo en el riesgo más temido para el mercado. Ahora el ciudadano es más exigente, otorga menos confianza a las entidades y el efecto que tiene la “pena social” en el resultado de las organizaciones es cada vez mayor.

En este contexto, la gestión de los intangibles cobra importancia y se convierte en un tema a incluir en la agenda de todo tipo de instituciones. Pero para hacerlo de forma eficaz no es suficiente con controlar la actividad y la proyección de la empresa, también es muy importante poner el foco en el directivo que la representa. En este contexto la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) ha publicado el noveno cuaderno de su colección, esta vez escrito por Sandra Sotillo (Fundadora y Directora Ejecutiva de TrustMaker) en el que reflexiona sobre la reputación del directivo: La reputación del directivo. Un valor imprescindible.

Empezando por el final, desde Corporate Excellence - Centre for Reputation Leadership queremos destacar la relevancia de este tema haciendo hincapié en las consecuencias y los efectos que provoca un directivo con buena reputación en su entorno. A continuación resumimos las implicaciones de la reputación del directivo tanto para sí mismo como para la organización a la que pertenece.

Para el directivo

  • Le ayuda a permanecer en el cargo
  • Impacta positivamente en su salario
  • Influye en su carrera profesional

Para la organización

  • Mejora la reputación y el posicionamiento de la empresa a la que pertenece
  • Fomenta su poder de influencia
  • Refuerza la cultura corporativa
  • Se convierte en aval de confianza

Con todo esto, el análisis de Sandra Sotillo trata de cumplir dos objetivos. El primero, ayudar a los directivos a mejorar su reputación. Y el segundo, fomentar que la transfieran a su respectiva organización generando respuestas favorables y reduciendo la incertidumbre en el negocio. Y es que, en el fondo, la reputación del directivo no deja de ser el reconocimiento de sus capacidades para generar valor en su proyectos. Partiendo de esta definición, TrustMaker desarrolló la metodología CEO-VALUE (un esquema de actuación para  gestionar la reputación del CEO y generar valor para la empresa) que resumiremos en las siguientes fases:

  1. Conocer el proyecto empresarial y al mismo líder
  2. Identificar cómo puede aportar siendo auténtico y buscando diferenciación
  3. Concretar un plan de acción para lograrlo
  4. Implantación, evaluación y retroalimentación para generar impacto positivo en la entidad

Pero si nuestro objetivo es mejorar la percepción y activar la reputación, no conseguiremos generar valor a largo plazo enfocándonos únicamente en el resultado. Es necesario gestionar también la forma de trabajar, y es que, como ya hemos dicho en otras ocasiones, no se trata solo de qué consigues, sino de cómo lo consigues. Es aquí donde entran en juego dos de las palancas más importantes en la reputación: la confianza y la ética. Como aseguró Jordi Gual (Presidente de CaixaBank) en la presentación del cuaderno “no buscamos líderes que cumplan los códigos, sino que sean buenas personas” y según la autora “solo siendo auténticamente íntegros construiremos confianza en las empresas”. Por eso, la integridad, la transparencia y la ejemplaridad son cruciales en el contexto empresarial. Los directivos deben poner esto en práctica transfiriendo sus valores a la empresa, orientándola a la búsqueda de la excelencia y por tanto, al cliente y a la sociedad.

Por último, no podemos olvidar una de las partes más complejas de la gestión de la reputación: que la sociedad perciba y reconozca la labor que realizamos. Los directivos tienen que prestar especial atención a los mensajes que llegan al público, tanto los que son producidos por ellos mismos como los de terceros. Y es que, al fin y al cabo el directivo es una persona conocida y esto provoca que, buena o mala, siempre tenga una reputación. Por eso mismo, Sandra Sotillo asegura que ya no tiene sentido obviar la necesidad de gestionarla.

En resumen, un directivo reputado es aquel reconocido por generar valor para su entidad de forma ética e íntegra. Este perfil irá adquiriendo más importancia en el futuro ya que, por el contexto en el que vivimos, cada vez será más necesario conseguir confianza y autoridad en el entorno empresarial. Por eso, como sostenemos en Corporate Excellence- Centre for Reputation Leadership, y en palabras de Sandra Sotillo, “en el futuro la buena reputación será condición básica para ser líder en una organización”. Así que, ya sabéis, para seguir mejorando en la gestión de los activos intangibles, desde aquí os animamos a consultar todo el material que tenemos disponible sobre reputación y gestión de intangibles en nuestro nuevo grafo de conocimiento.