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19 marzo, 2026

La insularidad marca el clima de confianza en España

La confianza sigue siendo uno de los principales indicadores del estado de ánimo social. En España, el panorama continúa marcado por un equilibrio frágil entre leves avances y un clima general de pesimismo. Así lo refleja el 2026 Edelman Trust Barometer. Informe de España, elaborado por Edelman, y presentado en Madrid en la sede de AIO CaixaBank, con la colaboración de Corporate Excellence – Centre for Reputation Leadership como  entidad colaboradora en el lanzamiento para España. 

La 26ª del estudio analiza, una vez más, la evolución de la confianza en empresas, gobierno, medios y ONG en un contexto de incertidumbre económica, polarización social y crecientes brechas entre distintos grupos de población. 

Esta edición se basa en una encuesta online realizada a 33.938 personas en 28 países, con aproximadamente 1.200 encuestados por país. En el caso de España, los resultados muestran que, aunque algunas instituciones registran ligeras mejoras en sus niveles de confianza, el entorno sigue dominado por una percepción generalizada de pesimismo. En este contexto emerge un fenómeno especialmente relevante: la “insularidad”, una mentalidad de repliegue identitario que reduce la disposición a confiar en quienes se perciben como diferentes y que influye también en la relación entre ciudadanos e instituciones. 

La confianza mejora ligeramente, pero sigue siendo frágil 

Los datos del informe muestran que la confianza en las instituciones experimenta una ligera mejora respecto a 2025, aunque la desconfianza continúa predominando. Las empresas alcanzan niveles neutros de confianza y se consolidan como la única institución percibida simultáneamente como ética y competente. Además, el empleador aparece como la única figura que genera confianza, lo que refuerza el papel del entorno laboral como uno de los espacios donde todavía se mantiene un vínculo relativamente sólido. 

 

La evolución sectorial también apunta a un cambio de tendencia. Tras varios años de mejora sostenida, la confianza en los sectores comienza a descender de forma generalizada. Aun así, algunos ámbitos mantienen niveles relativamente altos de confianza, entre ellos tecnología, salud, alimentación y bebidas, y hoteles y hospitalidad, mientras que servicios financieros y redes sociales concentran mayores niveles de desconfianza. Este contexto confirma que la legitimidad institucional sigue siendo volátil y depende de factores económicos y sociales más amplios. 

Las brechas económicas y el pesimismo erosionan la confianza 

El informe también pone de relieve un aumento significativo de las brechas sociales en materia de confianza. La diferencia entre personas con ingresos altos y bajos alcanza su nivel más elevado desde 2012. El índice de confianza se sitúa en 53 puntos entre quienes cuentan con mayores ingresos, frente a 36 puntos entre quienes tienen ingresos bajos, una distancia de 17 puntos que refleja percepciones muy diferentes sobre el funcionamiento del sistema económico. 

Este contexto contribuye a reforzar el pesimismo sobre el futuro. Solo el 13% de los ciudadanos cree que la próxima generación vivirá en mejores condiciones, 9 puntos menos que el año anterior. Esta caída evidencia una pérdida de confianza en la capacidad del sistema para generar progreso y oportunidades a largo plazo. Las principales preocupaciones de los ciudadanos combinan riesgos económicos y sistémicos, entre ellos la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación, el cambio climático, el riesgo de perder el empleo en caso de recesión y el impacto de las tensiones comerciales internacionales en las empresas. 

La polarización impulsa una mentalidad de insularidad 

Más allá de los factores económicos, el estudio identifica una dinámica social que está influyendo cada vez más en la confianza: el repliegue identitario. La exposición a puntos de vista políticos diferentes ha disminuido de forma significativa: el 41% de los ciudadanos afirma acceder al menos una vez a la semana a fuentes con una orientación política distinta a la suya, 14 puntos menos que el año anterior. 

Este descenso en la diversidad de perspectivas se traduce en una creciente mentalidad de insularidad: el 75% de las personas en España reconoce mostrarse reticente o no dispuesto a confiar en alguien que tenga valores, visiones o identidades diferentes. Se trata de una tendencia transversal que atraviesa todos los grupos demográficos, independientemente de la edad, el género, el nivel de ingresos o la ideología política. 

La insularidad tiene además efectos directos sobre la confianza institucional. Cuando una organización está liderada por personas percibidas como diferentes, las brechas de confianza pueden superar los 20 puntos entre quienes mantienen una mentalidad abierta y quienes adoptan una mentalidad más cerrada. Y a esta dinámica se suma un creciente malestar social: el 67% de los encuestados declara sentir niveles moderados o elevados de descontento. 

 

La capacidad de tender puentes se convierte en una expectativa para las instituciones 

En este contexto de polarización y repliegue identitario, crece la expectativa de que las instituciones actúen como mediadoras de confianza. Sin embargo, el informe también identifica una brecha significativa entre lo que la sociedad espera y lo que percibe que las organizaciones están haciendo. El gobierno concentra la mayor expectativa de intermediación, pero también la mayor distancia entre expectativa y desempeño, con una brecha de 53 puntos. 

En contraste, el empleador es la entidad que presenta la menor diferencia entre expectativa y desempeño, lo que refuerza el papel del entorno laboral como uno de los espacios donde todavía es posible construir relaciones de confianza. Este dato sitúa a las organizaciones y a sus líderes en una posición especialmente relevante. De hecho, el 73% de los encuestados considera que los CEOs deben contribuir a construir confianza entre grupos que desconfían entre sí, aunque son menos (el 39%) quienes creen que actualmente lo están haciendo de forma eficaz. 

La construcción de confianza exige hoy capacidad de intermediación 

Los resultados del Edelman Trust Barometer 2026 apuntan a una transformación profunda en la naturaleza de la confianzaEn un entorno donde la polarización social y el repliegue identitario ganan peso, la confianza deja de depender exclusivamente de la competencia o el desempeño institucional y pasa a estar vinculada también a la capacidad de las organizaciones para facilitar el diálogo entre posiciones diferentes. 

En este escenario, las empresas ocupan una posición singular dentro del ecosistema institucional. Al ser percibidas como la única institución simultáneamente ética y competente, su capacidad de influencia social aumenta. Esto convierte la intermediación de confianza en una competencia estratégica para organizaciones y líderes. En un contexto marcado por la fragmentación social, las instituciones que logren tender puentes entre visiones distintas no solo fortalecerán su reputación, sino que también contribuirán a reconstruir uno de los activos más escasos del entorno actual: la confianza. 


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