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09 Enero, 2026
Mahou: asegurar el futuro sin renunciar al pasado
Fundada en 1890 en Madrid, Mahou-San Miguel nació con una ambición clara: introducir una cultura cervecera de calidad en un país donde el vino ocupaba un lugar central. Desde sus orígenes, la compañía entendió que la cerveza no era solo un producto, sino un catalizador social. Esa lectura temprana del consumo como experiencia social marcaría de forma profunda su evolución posterior.
A lo largo del siglo XX, la marca consolidó su posición hasta convertirse en el líder indiscutible del mercado cervecero español, con un capital 100% nacional. Su identidad se construyó en torno a valores como la tradición, la gastronomía y el ocio urbano madrileño. Este arraigo histórico se tradujo en un activo reputacional sólido.
Sin embargo, ese mismo legado planteaba un reto estratégico. Ser una marca centenaria refuerza la legitimidad, pero también puede derivar en una percepción de distancia frente a los públicos más jóvenes, para quienes el riesgo de ser vista como “la cerveza de sus padres” podía erosionar su relevancia futura. El desafío no consistía en renunciar a su historia, sino en construir un puente intergeneracional que permitiera proyectarse hacia el futuro sin diluir la herencia acumulada.
En este contexto, la reorientación de Mahou-San Miguel hacia audiencias jóvenes no respondió a una situación de urgencia, sino a una decisión estratégica tomada desde una posición de liderazgo. La marca decidió apostar de forma sostenida por territorios como la música, el deporte o las causas sociales; no como soportes publicitarios, sino como espacios culturales compartidos, alineándose con las pasiones y los valores de los nuevos consumidores.
¿Qué vas a descubrir en este caso?
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Cómo el valor de marca se convierte en una palanca estratégica de liderazgo. Más allá de la notoriedad publicitaria, la inversión orientada a construir brand equity permite generar vínculos emocionales duraderos. En este caso, el fortalecimiento del valor de marca de Mahou actuó como un factor clave para sostener y reforzar su posición en un mercado altamente competitivo.
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La escucha activa y la co-creación como claves para conectar con nuevas generaciones. Entender a los públicos jóvenes exige establecer un diálogo continuo e incorporar su mirada de forma estructural en la toma de decisiones. Cuando esta lógica se integra en la estrategia, la relación con los públicos deja de ser únicamente reactiva y se convierte en una fuente sostenida de aprendizaje y generación de ideas. En este sentido, los procesos de co-creación permiten a las marcas no solo comprender mejor a las audiencias, sino también orientar su evolución y fortalecer su capacidad de adaptación.
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La necesidad de revisar las estrategias tradicionales. Las generaciones más jóvenes ya no se relacionan con las marcas desde los códigos convencionales de la publicidad, sino desde experiencias, afinidades culturales y coherencia con sus valores. Esto obliga a las organizaciones a repensar su papel y a ocupar un lugar significativo en la vida social y cultural de sus públicos.