Mi pulse de verano. Un cambio esperanzador

08 de agosto de 2018

Tengo que reconocer que me encanta el verano, no solo porque tengo tiempo para descansar sino porque, de algún modo, parece que todo va más lento y que puedo dedicarme tranquilamente a leer —a leer mucho— y reflexionar sobre lo que hemos hecho hasta ahora y todo lo que está por llegar 

Casi por casualidad, volvió a mis manos un libro que me encanta, El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Si no lo habéis leído, os lo recomiendo encarecidamente. No solo por cómo está escrito —es un placer leerlo—, sino también por todo lo que se aprende sobre los cambios sociales, familiares y, en definitiva, vitales. En un momento de la novela, Don Fabrizio, su protagonista, apunta que «hace falta que algo cambie para que todo siga igual». Esa conocida frase, he de decir, me ha acompañado durante toda mi vida. Sin embargo, esta vez, con la relectura del libro, me ha asaltado una gran duda: ¿qué debemos cambiar en las empresas para poder «seguir igual», es decir, para poder seguir siendo relevantes y necesarias?

Algo importante está pasando en el mundo empresarial. En los últimos meses hemos asistido a muchos eventos que han tratado la progresiva transformación que ha experimentado el paradigma empresarial en todo el mundo. Lo hemos visto con el auge del movimiento B Corp, en el encuentro sobre Capitalismo Consciente de Advanced Leadership Corporationo en la constante presencia en el discurso empresarial de la necesidad de impulsar un capitalismo más humanista o de largo plazo, algo de lo que ya os hablé en otro de mis pulse.

Pero el cambio también tiene que ser desde dentro. Últimamente, todos los informes que he leído sobre comunicación apuntan que esta función se encuentra cada vez más integrada en todos los niveles de la organización. El papel del CCO es cada día más transversal, transparente y vital para la coherencia de los mensajes de la empresa, tanto a escala externa como interna. El apoyo sobre esta figura viene, además, desde la cúpula directiva de la empresa, por lo que su importancia de aquí a unos años irá, sin duda, en aumento. Además, para los más de 3.000 profesionales que participan en el European Communication Monitor 2018, la recuperación de la confianza es el asunto estratégico más crítico para la gestión de la comunicación en los próximos años, seguido de la alineación de la comunicación con la estrategia empresarial y la revolución digital. Por ello es necesario formar a estos profesionales como es debido y, aunque no quiero abusar de vuestro tiempo, tengo que repetir otra vez lo orgulloso que me siento de los alumnos y profesores de nuestro curso ejecutivo The Global CCO. Estoy totalmente convencido de que el aprendizaje es, y siempre será, la palanca de cambio más poderosa. 

Sin embargo, no está todo el camino hecho. En un reciente artículo de la revista EthicEl poderoso arte de escuchar, destacan una tarea pendiente para las empresas: la escucha. Un comunicador debe escuchar siempre, pero hoy en día, esta debe ser social y estar dirigida a todos los grupos de interés. Aunque ya hemos empezado a caminar, todavía nos queda un buen trecho por recorrer, y eso que contamos con la gran ayuda que nos brinda la tecnología en este sentido.

Pero volvamos a la frase de nuestro amigo Lampedusa. ¿Estamos, realmente, cambiando algo para que las cosas sigan siendo las mismas? La sociedad siempre ha estado en proceso de cambio, y es una realidad que la empresa que no se adapte está condenada a su extinción. Sin embargo, en esta ocasión no creo que todo tenga que seguir siendo igual. El impacto positivo que las empresas pueden ejercer sobre la sociedad puede transformarla y crear un mundo más sostenible, una población más informada y con capacidad crítica, y una nueva normativa donde prime la creación de valor compartido y se de protagonismo a las personas. Recordemos que desde la gestión de intangibles estamos cambiando percepciones, costumbres y creencias, no creando impactos meramente estéticos. No son cambios ruidosos; son sigilosos, pero firmes.