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06 febrero, 2026

Reputación y marca: claves de legitimidad y futuro empresarial

La legitimidad social se ha convertido en uno de los principales activos estratégicos de las empresas. En un entorno marcado por la exposición permanente y una ciudadanía cada vez más informada y exigente, las organizaciones ya no son evaluadas únicamente por su capacidad para generar resultados económicos. Hoy se espera de ellas impacto positivo, coherencia en sus decisiones y un liderazgo ético capaz de generar confianza y credibilidad sostenida en el tiempo.

En este contexto, la reputación y la marca emergen como los intangibles con mayor capacidad de influencia sobre la legitimidad social de las empresas. No actúan de manera aislada ni espontánea, sino como activos que se construyen, se gobiernan y se erosionan en función del comportamiento corporativo y de la relación que la organización mantiene con sus grupos de interés.

Activos distintos, funciones complementarias

A pesar de que en ocasiones se utilizan como sinónimos, reputación y marca corporativa responden a lógicas diferentes, aunque profundamente interconectadas. Cada ámbito activa mecanismos específicos de apoyo social y cumple una función distinta en la construcción de legitimidad.

La reputación es un constructo amplio que integra, de forma central, la confianza. Se manifiesta como un conjunto de percepciones y sentimientos —confianza, admiración, respeto y empatía— que los grupos de interés desarrollan hacia una organización a lo largo del tiempo. Estas percepciones no se quedan en el plano simbólico, sino que se traducen en conductas concretas de apoyo: lealtad de clientes, atracción y fidelización del talento, respaldo de los inversores o mayor tolerancia social ante contextos de incertidumbre.

Por su parte, la marca corporativa representa la dimensión más tangible y visible de la organización. Se expresa a través del nombre, los símbolos, los valores y la narrativa corporativa, y constituye la principal plataforma de relación con los stakeholders. Su función es hacer visible la promesa corporativa y facilitar la conexión emocional con los grupos de interés. La fortaleza de la marca reside en su capacidad para generar notoriedad, relevancia y diferenciación, como complemento a la reputación y a la confianza.

Reputación y marca como puente entre legado y futuro

Desde una perspectiva de largo plazo, la reputación y la marca funcionan como un puente entre el legado de la organización y su proyección futura. Ambas se construyen a lo largo del tiempo a partir de acciones, decisiones, valores y relatos consistentes, y se convierten en una manifestación tangible de lo que la empresa ha sido y de lo que aspira a seguir siendo.

Como reflejo del legado

El legado de una organización es todo lo que deja atrás, el resultado de sus acciones y comportamientos. Incluye elementos tangibles, pero también —y de forma decisiva— intangibles. En este sentido, la reputación es la manera en la que ese legado es percibido por los demás. Se configura a partir de la consistencia, la ética, los logros y los valores que la organización proyecta y comunica a lo largo de su trayectoria.

Desde la perspectiva de los expertos, la reputación y la marca constituyen una parte esencial del legado, ya que influyen directamente en cómo una empresa es recordada. Las organizaciones que logran perdurar construyen una experiencia de marca y una reputación sólidas basadas en el valor que generan no solo para sí mismas, sino también para sus empleados, clientes y la sociedad en su conjunto. Con el tiempo, esa marca y esa reputación se consolidan como un pilar clave del legado de la organización.

Como proyección hacia el futuro

Por otro lado, la reputación y la fortaleza de la marca no se limitan a reflejar lo que ya se ha construido. También proyectan expectativas y condicionan las posibilidades de futuro. Una buena reputación y una marca significativa generan confianza y credibilidad, lo que facilita la capacidad de actuar, de tomar decisiones y de tener éxito en el futuro. Este efecto es clave tanto para organizaciones como para individuos, ya que influye directamente en las oportunidades que se abren, en la capacidad de innovar y en la sostenibilidad del proyecto.

Las empresas con una reputación sólida y una marca fuerte no solo sobreviven, sino que prosperan a lo largo del tiempo porque han sabido construir confianza con su entorno y con sus grupos de interés. Esa reputación y esa plataforma de marca funcionan como un verdadero capital intangible que permite proyectar un futuro más estable y robusto. Gracias a ello, estas organizaciones están mejor posicionadas para gestionar crisis, adaptarse a los cambios, mantener ventajas competitivas y ampliar su licencia social para operar.

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