Covid-19 y geopolítica: primeros impactos

12 de junio de 2020

 
Consideraciones previas al análisis geopolítico actual

1. El coronavirus no es un evento geopolítico, aunque sí que es un evento disruptivo que puede conectarse al sistema y perturbarlo hasta modificar el anterior orden establecido.

2. COVID-19 generará una crisis en cascada –sanitaria, socioeconómica y geopolítica-, por lo tanto, no estamos al comienzo del final, sino al final del comienzo. De la misma manera, la nueva reordenación geopolítica comenzará después de que los hechos ocurran, cuando baje la marea y veamos quiénes son los ganadores y perdedores de esta crisis.

3. Aunque el pensamiento del nuevo orden geopolítico se dé después de los hechos, la actuación geopolítica debe activarse mientras que estos acontecen. Quien gobierne en 2021 ya no tendrá posibilidad de cambio, tan solo de gestión de la nueva situación. Por eso, el momento de influir en la dirección de la historia es ahora.

4. A pesar de los esfuerzos de la OMS, cada país escogió responder a la pandemia de manera independiente. Esto nos permite comprobar quién lo está haciendo mejor y quién tiene un peor desempeño, a través de una evaluación del rendimiento político, institucional, económico, organizacional y sanitario de cada país, que será inseparable de la valoración de su nivel de liderazgo.

Por ejemplo, ya identificamos halagos al consenso de Merkel con sus landers, críticas al centralismo de Macron, e incluso podemos asegurar que la crisis tendrá graves consecuencias en los países emergentes, presentándolos como los principales perdedores de esta crisis. Del mismo modo, han aparecido análisis interesantes estudiando el desempeño de las líderes femeninas en la crisis y evaluando las claves de su evidente éxito.

 
Balance del momento: aceleraciones y remodelaciones

La pandemia, seguramente, no cambiará el mundo, pero puede contribuir a acelerar algunas de las tendencias que ya comenzaban a apuntar en la etapa anterior. Curiosamente y paradójicamente, esta aceleración geopolítica podría comportar una mayor desaceleración de la globalización. Del mismo modo, el impacto del coronavirus puede contribuir a remodelar el orden global.

A continuación voy a plantear hasta siete posibles remodelaciones:

1. Falta de liderazgo internacional de EEUU

Ha habido un fracaso catastrófico del liderazgo político y diplomático de Estados Unidos en la crisis actual que podría costarle caro en vidas e influencia internacional. Mientras que en el pasado inmediato EEUU había sido el catalizador de una cooperación internacional amplia, ahora Trump muestra claramente un rechazo a ejercer esa función retirándose de los compromisos internacionales. Lo que acentúa su relativo declive y una pérdida significativa de auctoritas. Alguno expertos consideran que incluso si finalmente EEUU tratase de asumir el liderazgo, la confianza en la administración actual se ha erosionado hasta tal punto que pocos países estarían dispuestos a seguirla.

Esta situación, combinada con la competencia de EEUU con China, podría precipitar lo que Graham T. Allison denomina “la trampa de Tucídides”, fomentando una tensión estructural producida en una potencia hegemónica –pero con signos de decadencia– cuando se siente amenazada por otra potencia emergente con aspiraciones de substituirla. Situación que sin duda tendría impactos colaterales en el orden geopolítico mundial.

2. China trata de ocupar el papel de liderazgo mundial

En ausencia de  Estados Unidos y los grupos multilaterales, China ha visto una ventana de oportunidad para ampliar su ámbito de influencia mundial, pero ha sido menos eficaz de lo que esperaba. Ambos líderes acumulan errores relevantes o malas actuaciones ante COVID-19, pero progresivamente el líder chino supo rectificar y acabar por asumir un rol protagonista relevante demostrando el "soft power" de su país. A pesar de ello, China no parece estar preparado todavía para un liderazgo mundial.

3. La deriva hacia un mundo sin liderazgo

Todo este contexto está acelerando otra tendencia: la deriva hacia un mundo sin liderazgo. Grandes pensadores ya anunciaban en los 2.000 «el fin del poder» y la apolaridad global, cuestiones que vemos más cercanas con el retroceso de EEUU, la fala de liderazgo de la UE y China, etc. Pero este vacío de liderazgo global se hace especialmente inquietante en un momento en que en la lista de problemas mundiales se acumulan las urgencias.

4. El declive del multilateralismo

La ausencia de liderazgos globales alimenta a su vez el declive del multilateralismo. Cada país ha seguido su propia agenda, tras el debilitamiento de las entidades que promovían medidas coordinadas. El riesgo real es que una larga crisis destruya la cooperación internacional y deje un mundo más anárquico en el que todos estén en contra de todos.

5. Del desacoplamiento a la desglobalización

A medida que salgamos de la crisis se intentará revertir la globalización de las últimas dos décadas, tal y como la hemos conocido. Propongo contemplar tres escenarios posibles sobre el futuro de la globalización:

a) Una globalización ralentizada o "slowbalisation"

Se mantendría, aproximadamente, la actual situación caracterizada por una marcada reducción de la inversión directa en el extranjero, disputas comerciales no resueltas, más tensiones geopolíticas, reducción de los préstamos bancarios y aumento de las políticas proteccionistas. El proceso de globalización se sustentaría, especialmente, en su dimensión blanda.

b) Una globalización selectiva

En realidad, se trata de un eufemismo para intentar «desacoplar» a China de la economía mundial. Consistiría en pasar de la interdependencia económica y tecnológica a la creación de dos sistemas separados, provocando el paso de la relación cooperativa entre EEUU y China al de un intento de clara desvinculación. De hecho, el impacto de la pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de las necesidades estratégicas nacionales y el alto grado de dependencia de las cadenas de suministro globales. Lo que contribuirá aún más a debilitar los argumentos a favor del libre comercio favoreciendo el desacoplamiento.

En el caso de confirmación de este escenario, durante los próximos meses asistiríamos aceleradamente al tránsito de la cooperación a una mayor rivalidad geoeconómica; de la globalización tal y como la habíamos conocido a la bipolarización o regionalización; de la negociación y establecimiento de acuerdos multilaterales a la negociación de acuerdos preferenciales (o bilaterales); de la liberalización comercial a un claro proteccionismo; y, finalmente, del proteccionismo a una guerra comercial y tecnológica en toda regla.

c) La plena desglobalización

En este caso, tanto los efectos económicos, políticos y sociales devastadores de la epidemia como el posible repliegue de las identidades nacionales y el auge populista del “My country first” podrían representar un parón generalizado de la globalización.

6. Ascenso del soberanismo estatal y fortalecimiento de los estados

Es probable que muchos estados adopten una línea más sólida para garantizar que las economías nacionales puedan proporcionar suministros básicos sin depender de proveedores extranjeros. Un enfoque nacional mucho más fuerte podría reforzar los movimientos nacionalistas proteccionistas (cierre de fronteras, reducción de la inmigración, construcción de muros, imposición de aranceles) y debilitar aún más el multilateralismo.

El mayor protagonismo del poder público en la gestión de la crisis podría ahora verse reflejado en distintos indicios: la recuperación del control de la salud pública, el mayor control de las fronteras (seguridad), un mayor seguimiento de las poblaciones (sanidad), una mayor intervención y participación en el mercado (economía), un mayor autoritarismo digital (vigilancia, detección, represión), una prolongación de los estados de emergencia o de alarma, la tentación de acumulación de poderes o un cierto autoaislamiento nacional.

7. El auge de Eurasia

Por último, parte de las consideraciones y escenarios comentados anteriormente contribuirían también a acrecentar aún más el auge de Eurasia (no solo China) y el progresivo declive de Occidente. Está por ver, además, si la desoccidentalización implicará también más deseuropeización; y al contrario, si una rápida deseuropeización, en caso de producirse, acabaría por rematar el declive occidental.

 

En definitiva, esta descripción de escenarios nos proporciona más preguntas que respuestas en el plano geopolítico. Aunque de momento podamos resolverlas, sí que tenemos por delante tareas urgentes. Necesitamos encontrar rápidamente una vacuna, debemos aumentar la capacidad sanitaria de todos los países afectados, tenemos que prepararnos bien para una probable segunda y tercera oleada de contagios y nos urge comenzar a restaurar las economías hundidas. Para todas esas tareas la coordinación y la cooperación globales siguen siendo imprescindibles.

 

* Artículo original publicado por Àngel Castiñeira en el blog de Esade

Para saber más sobre este tema, no dudes en consultar el último post en el que introducíamos estos témas y el wébinar Estrategias de geopolítica en un entorno VUCA en el que Àngel Castiñeira profundizó en las consecuencias de la crisis del COVID-19 en la geopolítica.