La liga de los intangibles

24 de septiembre de 2020

Como el eterno retorno, es habitual que en momentos de crisis surjan en España no pocas voces que abogan por la necesidad de un cambio de nuestro modelo productivo, de la imperiosa necesidad de aprovechar la oportunidad para transformar nuestra estructura económica. La cuestión es que, evidentemente, existen distintas visiones sobre lo que eso significa y es todavía más evidente que dicha transformación es imposible sin entender y tener en cuenta al tejido empresarial. ¿Ha cambiado la economía española desde la crisis financiera de 2008? Algunos pueden pensar que no mucho, pero yo creo que sí; principalmente a través del peso de la internacionalización en nuestra economía. El sector exterior fue sin duda una de las claves para amortiguar el impacto de dicha crisis y para apuntalar el crecimiento acumulado en los años posteriores. En lo que se llegó a calificar como un «milagro», España pasó a convertirse en una potencia exportadora, lo que no está nada mal como transformación…

La siguiente pregunta es si ese indudable éxito era sólido y sostenible en el tiempo. En mi opinión, no tanto. ¿Por qué? Porque gran parte del éxito exportador español estuvo basado en ganancias de competitividad precio y por tanto siendo potencialmente más vulnerables a la competitividad de la oferta de países emergentes, cuyos costes labores y de producción siempre van a ser menores. La cuestión pertinente reside por tanto en analizar en qué liga juega hoy España y en qué liga quiere competir. La respuesta obviamente es la Champions League, la competición más prestigiosa, en la que compiten los mejores y en la que la economía española, por ahora, no está compitiendo con todos sus jugadores. Desde luego hay empresas y sectores españoles líderes a nivel europeo y mundial, referencia de nuestro tejido empresarial, punta de lanza de nuestra internacionalización y locomotoras de nuestra economía; pero a nivel de conjunto tenemos algunas asignaturas pendientes. La buena noticia es que quizás esta crisis generada por la pandemia nos sirva para completar la transformación iniciada durante la crisis de 2008 en nuestra economía y nuestras empresas, en su conjunto, no solo sean más internacionales, sino también más competitivas.

Jugar la Champions League y competir con los mejores pasa necesariamente por aumentar el grado de sofisticación y diferenciación de la economía española, única vía posible para generar valor, crecimiento y bienestar a largo plazo. Y cuando hablamos de sofisticación y diferenciación hablamos de apostar e invertir en activos y recursos intangibles. Y hablamos también de un cambio profundo en la forma de entender la creación de valor, no solo respecto al marco temporal del mismo (largo plazo vs. corto plazo), sino también respecto al destinatario de dicho valor (accionistas vs. modelo multistakeholder). Esta transformación de nuestro modelo productivo es aplicable a cualquier sector y determinará en gran medida la evolución de nuestra economía y el futuro de nuestra sociedad, en la medida en que debe permitirnos mejorar nuestra productividad, crear mayor valor añadido y generar mayor bienestar a través de un empleo mas cualificado. Estamos hablando de innovación, de diseño, de marca y reputación, de tecnología y de sostenibilidad entendida en su sentido más amplio. Y estamos hablando de un cambio que precisa de colaboración público-privada y debe apoyarse fundamentalmente en tres factores: mentalidad (cultura), recursos (inversión) y capacidades (formación).

La transición que ahora nos toca pasa por una economía más digital y más verde, pero también (y para ello) por una economía más intangible. Los referentes de los principales países de nuestro entorno, pero también de las empresas españolas que ya han iniciado ese camino, son el espejo en el que mirarse. La actual crisis, y el momento que eso representa para repensar y reimaginar nuestro modelo de crecimiento y competitividad, la oportunidad. En un mundo marcado por la desconfianza y la incertidumbre, los intangibles son el mejor antídoto, y un valor en alza. Si la internacionalización fue nuestra tabla de salvación en la anterior crisis, la internacionalización sostenible lo será en la actual.